Silabario. Revista de Estudios y Ensayos Geoculturales. ISSN 1514-4100 Publicación del Área Letras del Centro de Investigaciones "María Saleme Burnichon" de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba
" Es que el pueblo no habla el mismo lenguaje que nosotros.
Su abecedario no tiene letras, sino apenas
formas, movimientos, gestos. Y no es que el pueblo sea
analfabeto, sino que quiere decir cosas
que nosotros ya no decimos"
Rodolfo Kusch en Indios, porteños y dioses,
Stilcograf, Bs. As., 1996, p. 116
"La Manifestación". Antonio Berni
26 ene 2014
9 ene 2014
El Pueblo en la Trama: Modelizaciones estèticas de la Cultura Popular. Pròlogo de Pablo Heredia
INTRODUCCIÓN
Este libro consiste en un estudio de los modos en que el discurso literario y ensayístico construyen las nociones de “lo popular” y “lo nacional”, en tanto lenguas específicas cruzadas por otros discursos sociales, y a la vez configurados como manifestación artística de formas culturas constituidas, fundamentalmente, a través de la palabra. Más que intervenir en la lectura analítica desde un a priori conceptual de estas categorías, hemos optado por transformarlas en el propio objeto de estudio. Pero tales nociones no son consideradas solo desde un plano de abstracción conceptual, sino desde el resultado de un análisis de un corpus de textos literarios argentinos que cruzan un amplio periodo histórico (siglos XX y XXI) para construir desde ellos la crítica teórica.
Concebimos ambas nociones como construcciones históricas variables que participan del entramado simbólico que una cultura despliega para construir identidades a través de un entramado de tensiones sociales, políticas, étnicas, regionales. A esta variabilidad diacrónica se le suma la inestabilidad sincrónica en la medida en que ambos términos se tensionan y compiten en un momento determinado. Además, hemos incorporado en el análisis otros conceptos que no pueden soslayarse en este problema; por ejemplo, las referencias configurativas, muchas veces expresadas en sus contradicciones constitutivas, “tradición”, “hegemonía”, “culto/popular”, “central/periférico”, “letrado/iletrado”. Hemos tenido conciencia de las dificultades que ambas nociones revisten a la hora de pretender definirlas y de elaborarlas como categorías; inconvenientes que han llevado a las Ciencias Sociales y Humanas a prácticamente erradicarlas de su vocabulario. Por ello, consideramos que entenderlas como categorías de uso colaboró para superar los problemas que devienen de las definiciones per se.
En definitiva, nos propusimos observar en un corpus constituido por textos literarios argentinos (y bolivianos) la conformación, circulación, tensión y resignificación de “lo nacional” y “lo popular”.
Decíamos que estas nociones son construcciones discursivas de carácter histórico y variables, y los textos literarios operan sus construcciones, calificándolas, clasificándolas, sancionándolas y legitimándolas, en relación a geoculturas determinadas y dentro de proyectos ideológicos particulares. Por ejemplo, en la literatura y el ensayo argentinos, desde sus comienzos y hasta mediados del siglo XX, la relación culto-popular se caracterizó o por una tajante oposición (en el que el primero descalificaba al segundo), o por una actitud inclusiva pero paternalista de “dignificación” de la cultura popular. Por ello, hemos observado de qué manera en las configuraciones contemporáneas de lo popular emergen elementos refractarios de lo considerado culto en la literatura argentina.
En general, nuestros objetivos se limitaron a intentar un aporte a una base teórica que permitiera conceptualizar la construcción histórica de las nociones de “lo nacional” y “lo popular” en la conformación de la literatura argentina, con el fin de someterlos a discusión a partir de una resignificación de sus usos en la conformación de la literatura argentina. En consecuencia, hemos abordado los mecanismos de tensiones e interpenetraciones culturales desplegados a partir de estas categorías, desde un análisis de los procesos de dinamismo categorial (circulación, apropiación, uso, consumo) que pueden ser leídos en la producción literaria y de una reflexión del potencial ideológico e identitario implicado en la construcción de estas categorías.
Para abordar el fenómeno de la lo popular en tanto una construcción semántica tramada por el discurso literario, recuperamos el concepto de la dinámica discursiva que transcurre con el forjamiento operativo de lo culto y lo popular que se despliega desde una geocultura (KUSCH, 1976) particular. Este concepto, en tanto subsume lo estrictamente geográfico, permite pensar las prácticas socio-culturales como prácticas “situadas” en función del arraigo cultural. Por lo tanto, las prácticas discursivas son sostenidas desde la geocultura, participando a su vez de su propia emergencia. Si toda palabra representa un “signo ideológico”, como sostenía Mijail Bajtin, en la medida en que todo acto de enunciación pone en circulación una serie de valores e ideologías particulares, la literatura, al formar parte de la producción simbólica de una cultura, porta valores sociales e ideologemas de diversos órdenes políticos.
Los discursos literarios y ensayísticos (en tanto espacios textuales atravesados por discursos sociales y por prácticas artísticas e ideológicas de acentuado plurilingüismo cultural), son entendidos en su análisis concreto a través de los núcleos enunciativos y los operadores discursivos que pretenden modelizar “lo real” en sus manifestaciones históricas y a la vez como objetos de un saber que tensiona sus propias matrices epistemológicas. En consecuencia, sin renegar de la abstracción conceptual, nos hemos ocupado de los discursos no-registrados que operan por debajo de los sistemas como promesa de discontinuidad y conflicto, o sea, lo que Foucault denominó “prácticas discontinuas que se cruzan, a veces se yuxtaponen, pero también se ignoran y se excluyen” (FOUCAULT, 1996, 53). En otras palabras, una exploración de los sistemas heterógeneos, lo que escapa a los sistemas de poder.
Sin embargo, “lo popular” implica un problema inaugural acerca de las dificultades de aprehenderlo y delimitarlo en el objeto “cultura popular”, en tanto formalización que se ubica de modo lábil en una zona que en un principio se define canónicamente como una otredad. Optamos por desarrollar un abordaje dentro de la formulación de las “modelizaciones estéticas” que crea la literatura actuando sobre ese otro objeto -“cultura popular”- a través de una discursivización específica (estética) en el que está presente un proceso subjetivo de simbolización cultural. Esto ya no significa, dentro del plano del sistema de la “literatura”, que la “cultura popular” se configura siempre como una construcción “exterior” que solo cobra existencia en la medida en que es discursivizada dentro de un “otro paradigma” (el de la “literatura”), probablemente en una interacción dialéctica. La cultura popular puede ser entendida también como una discursividad “autónoma” que está presente (se cuela, se infiltra, se inviste) en las formalizaciones literarias, lo que puede conducirnos a comprenderla no como una entidad-otra íntegramente autónoma y “diferente” a la de las representaciones del que la construye.
El modo de entrar en la posibilidad de la aprehensión de la “cultura popular” es a través de las prácticas culturales representadas simbólicamente en la discursivización que los sujetos sociales configuran para hacerlas circular no solo ad intra sino también ad extra de sus centros de irradiación. Creemos que un acercamiento a esas prácticas culturales puede observarse por medio de las representaciones “identitarias” que los sujetos culturales, agentes sociales de la “cultura popular”, simbolizan en sus prácticas con el fin de posicionar sus estrategias vitales en relación al macro-sistema cultural. La cultura popular, entonces, puede constituirse como un espacio de operación de ciertos textos culturales que actúan intertextualmente como subestructuras dentro de una misma cultura. Operan identitariamente a través de diversos registros codificados de las diferentes composiciones o volúmenes de la memoria (actitudes frente al cambio o resistencia del acto de sobrevivir) (KUSCH, 1976). Esto implica que la cultura popular no es solamente una construcción representativa que ocupa o habita un espacio vinculado necesariamente a una clase social, sino que es un espacio de intertextualización de textos culturales (operaciones identitarias) que se practican transversalmente en todas las subestructuras de una cultura, es decir en una memoria común. (LOTMAN)
Los textos literarios, en tanto “textos culturales” que forman un sistema constituido básicamente por las operaciones intertextuales que pone en funcionamiento (otorgándoles un sentido de significación y resignificación dinámico) el proceso de construcción de identidades comunes, nos abre la posibilidad de resolver provisoriamente en la interpretación de los textos el conflicto “formalización académica”/“forma-informe cultura popular”, a través de la “identidad-memoria común”. (LOTMAN) En consecuencia, una forma de penetrar en los textos literarios y ensayísticos que pretenden modelizar lo que entienden por “la cultura popular”, también es a través de la noción de “dialectos de la memoria” nos servirá para entender cómo se conforman “subestructuras culturales” (Lotman), cuyas prácticas se diferencian en la composición y volumen de la memoria (importancia de la escritura o de la oralidad que operan identitariamente), o también en los distintos grados de “elipticidad” de los textos culturales que circulan dentro de ellas (operaciones ideológicas o políticas de la identidad).
De esta manera, hemos observado que para algunos escritores-intelectuales la configuración de la cultura popular se presenta como una “otra-cultura” inasimilable, en algunos en intenciones de asimilarla para ilustrarla, y en otros en tanto construcción del imaginario ideológico de la pertenencia a ella (la enunciación de un yo-nosotros populares). La literatura (sistema de la cultura) se estructura entonces como espacio discursivo (creación, discusión y gestión) en el que circulan proyectos político-culturales de “legitimaciones” en diversos campos referenciales de identificaciones ideológicas, tales como las espaciales (“regionalización”, “nacionalización”, “universalización”), las epistemológicas (“ilustración”, “culto”, “libresco”, “popular”, etc.), o las político-ideológicas (clases o grupos sociales, comunidades étnicas, sexuales).
Por lo tanto, las oposiciones culto/popular, letrado/iletrado y oralidad/escritura son construcciones discursivas que han coadyuvado de modo heterogéneo y conflictivo a las configuraciones definitorias de la categoría “Pueblo” en función de proyectos político-culturales formalizados históricamente. Gran parte de la ensayística argentina, por ejemplo, se preocupó por reelaborar, por un lado, las categorías de “lo popular” en relación a “lo nacional”, y por el otro, vincularlas a la acción política de “lo revolucionario” y “lo conservador”, por medio de la reflexión acerca del potencial ideológico e identitario implicado en la construcción de estas categorías.
* * *
Una lectura abierta de un texto, libre de precisiones genealógicas de las teorías que lo precedieron configurándolo hacia nuevas perspectivas, nos permite dialogar no solo sobre los aportes y la vigencia epistemológica que nos puede brindar, sino también repensar el fenómeno que nos atañe desligándonos de él, sea para negarlo, refutarlo, corregirlo, o proyectarlo.
El problema, nuestro problema, parte de la actitud intelectual de reflexionar acerca de un objeto que entendemos se representa a través de una praxis cultural por fuera de los textos teórico-críticos que tradicionalmente han intentado explicarlos. Por lo tanto, la referencia a la tradición teórica se encarna en un espacio construido entre el objeto reflexionado y las lecturas que se han realizado sobre él; de ninguna manera nos proponemos discutir únicamente acerca de lo que se ha dicho sobre el problema.
La distinción entre temas y problemas parte de una formalización política de los intereses “académicos” que guían toda investigación académica y los objetivos que subyacen con respecto a la posible aplicabilidad de los resultados (asumimos que por el momento es contradictoria, compleja y poco transparente). Reflexionar sobre un objeto construido como un tema supone reflexionar sobre él para encontrar los mecanismos estructurales que lo generaron y lo hacen operar dentro de un sistema más amplio. De carácter generalmente descriptivo apunta a revelar los modos de representación que asume el objeto con el fin de convertirlo en evidente (que se vea), mostrarlo, para explicar a través de la deconstrucción y el desmontaje, sus operaciones coercitivas o liberadoras. Si bien es un momento imprescindible de la investigación que otorga las herramientas necesarias para la reflexión (e incluso guía de futuras prevenciones sobre los modos operativos del objeto tratado), creemos que dialécticamente precisa de una problematización que indague y ponga en crisis los fundamentos epistemológicos que operaron en la construcción del tema mismo, en relación con los recortes (perspectivas) seleccionados y las incidencias que el objeto proyecta en la interpretación de una praxis más amplia en la que está incluido. Abordar y tratar un objeto de conocimiento como un problema, significa por un lado, una constante dialéctica entre la crítica y la autocrítica de las referencias teóricas y epistemológicas que estamos construyendo para interpretarlo, y por el otro, asumir una reconstrucción constante de la interacción con esa otredad que funda y configura el objeto en cuestión.
En el problema que nos atañe, sugerimos una reflexión a través de un sistema de “confrontación interior” en la investigación. El estudio y la indagación crítica de la “cultura popular” nos inserta de entrada en un problema, más allá de lo que en un principio podemos entender como una “entelequia” inabordable (GRIGNON-PASSERON, 199; De CERTEAU, 199 ): ¿nosotros, los investigadores, formamos parte de eso que llamamos “cultura popular” o la construimos como una otredad que entendemos debe ser explicada e interpretada? En principio, concebimos esta pregunta como un problema que requiere ser resuelto en el transcurso de la investigación y que presupone hipotéticamente la existencia de esa “entelequia”. Si partimos del principio de que formamos parte de la “cultura popular” guiaremos nuestro estudio desde una subjetividad que no podremos evitar a la hora de confrontar las muestras con nuestras propias experiencias; pero si la construimos como una otredad en la que solo la percibimos por referencias externas o incluso como observadores o público más o menos “estables” (frecuentamos actividades propias representativas de la “cultura popular”), nos situamos en y con la “distancia” que impone (o nos imponemos) la intención de interpretar esa otredad.
Si bien nuestra perspectiva se formaliza epistemológicamente desde la práctica teórica de la crítica literaria, nuestras investigaciones tienden a integrarla transdisciplinariamente con otros campos de estudio dentro de las ciencias humanas, lo que implica, y este es uno de nuestros intereses explícitos, problematizarla como sistema metodológico para interpretar culturalmente la literatura. Por lo tanto, a la vez que partimos de los presupuestos de lectura de la crítica literaria, la colocamos en un lugar funcional a las “hipótesis de sentido” que construyen el objeto de conocimiento (textos literarios) en interacción práctica con otras disciplinas de las ciencias humanas, tales como la antropología, la sociología de la cultura y la filosofía.
La problemática específica que abordamos en estos momentos consiste en descubrir e interpretar las relaciones que se construyen entre los textos literarios y las “culturas populares”. Entendemos los textos literarios dentro de un sistema cultural en el que operan socialmente (y en el que sus operaciones inciden en su formación) a través de una diversidad heterogénea de representaciones sociales, políticas, históricas, modelizadas estéticamente con distintos propósitos político-culturales. La modelización estética que nos interesa descubrir e interpretar dentro del marco del sistema de las literaturas del Cono Sur, es la “cultura popular”, como referente construido en una red de tensiones culturales (epistemológicas y prácticas) en relación con la construcción de las identidades regionales, étnicas, artísticas, históricas, entre otras.
El problema inaugural transcurre alrededor de las dificultades de aprehender y delimitar el objeto “cultura popular”, en tanto percibimos que se constituye en una formalización que se ubica de modo lábil en una zona que en un principio se define como una otredad, al menos así se ha construido canónicamente: como una otredad de los sujetos de conocimiento académico (luego observaremos que esa distancia puede borrarse considerablemente, no por una transformación del sujeto “académico” sino por una delimitación más amplia del objeto “cultura popular”).
Dentro de la formulación del problema distinguimos que las “modelizaciones estéticas” que crea la literatura actuando sobre el otro objeto, la “cultura popular”, a través de una discursivización específica (estética) en el que está presente un proceso subjetivo de simbolización cultural. Esto significa, dentro del plano del sistema de la “literatura”, que la “cultura popular” se configura siempre como una construcción “exterior” que solo cobra existencia en la medida en que es discursivizada dentro de un “otro paradigma” (el de la “literatura”), probablemente en una interacción dialéctica.
Un aspecto temerario a trabajar consiste en descubrir aquellas formalizaciones discursivas que crea la “cultura popular” al margen (o inconscientemente) del sistema de la literatura “letrada”. No es difícil encontrar estas formalizaciones en culturas-otras, trabajo realizado por la antropología y la etnología, ya que en nuestro problema aquello que podemos denominar “cultura popular” está dentro, o “al lado” de la “cultura” del investigador (DE CERTEAU). Pero como nuestro objeto es la textualidad escrita, nuestra indagación apunta a descubrir de qué manera esa discursividad “autónoma” de la cultura popular está presente (se cuela, se infiltra, se inviste) en las formalizaciones literarias. Lo que nos conduce a entender que la “cultura popular” no es una entidad-otra íntegramente autónoma y “diferente” a la de las representaciones del que la construye. Quizás en el acto de pensarla y reflexionarla, es decir de desnaturalizarla, reside también la invención de la distancia, la construcción de una otredad que solo es significativa a través del intento de formalizarla teóricamente.
En consecuencia, debemos relacionar este conflicto con otras referencias que incumben a la “enciclopedia” práctica del investigador y está presente en la del acto de interpretación: las interacciones entre cultura letrada e iletrada, saber libresco y “popular”, ilustración y “naturaleza”. Esta “marca intelectual académica” nos lleva a dialogar con nosotros mismos acerca de las posibilidades prácticas del “poder” de comprensión de lo que en principio creemos que está fuera de nosotros. Ante la pregunta ¿nuestras formalizaciones teóricas nos permiten entender aquello que creemos que no tiene una “forma”? o ¿lo que creemos que no tiene forma obedece a que nuestras formalizaciones no pueden captarla? o en fin ¿deformamos nuestro objeto para poderlo interpretar? Nuestras respuestas aún no han adquirido una forma, pero intuimos que es necesario preguntarnos este conflicto, poner en escena nuestro rol de investigadores académicos, a partir de la problematización de los fundamentos teóricos y pragmáticos de las formas que hemos construido para entendernos a través de ese objeto. Estas preguntas implican redundar sobre algunas preocupaciones que polemizan el conflicto dentro del ámbito académico, no solo en la retórica “científica” sino también en los códigos ideologizados que orientan las investigaciones a través de las construcciones del objeto de conocimiento: ¿qué investigar? ¿cómo, desde dónde y para qué investigar esto?
Las representaciones “identitarias” simbolizan prácticas con el fin de posicionar estrategias vitales en relación al macro-sistema cultural, es decir, el despliegue de aquellas prácticas que se manifiestan en diversos modos de a) construir la convivencia con las “pertenencias” comunitarias, b) compartir las pertinencias simbólicas (códigos de conservación y rupturas del orden establecido), y c) actualizar simbólicamente la ocupación (defensa y cambios) del espacio vital (regiones culturales).
Entonces el conflicto adquiere un rasgo exultante en nuestra investigación: al clausurarlos, censurarlos o pervertirlos, no hacemos más que clausurarnos, censurarnos y pervertirnos a nosotros mismos, ya que por un lado, la cultura popular es una construcción nuestra que opera con nosotros mismos, y por el otro, ponemos en juego una codificación-decodificación que al concientizarla, es decir, desnaturalizarla, nos obliga a repensarnos a nosotros mismos como practicantes de la cultura popular. Solo con fines necesariamente metodológicos realizamos un recorte, construyendo una autonomía de la “cultura popular” para poder aprehenderla epistemológicamente. Es, en fin, lo que hace la literatura.
Modelizaciones estéticas que en muchos casos se relacionan con operaciones político-ideológicas de vinculación con “lo local”, “lo nacional” o “lo universal”, o también con el programa político de reconstruir el sistema literario de la “literatura argentina” o la “literatura latinoamericana” a través del registro de identificación de los textos con las culturas populares regionales (en un proceso de legitimaciones y reconocimientos de poéticas o estéticas).
Nuestro estudio de los textos literarios implica un doble movimiento de la lectura crítica. Por un lado, el “análisis ideológico”, que nos permite observar en los textos culturales cómo se modelizan “formaciones simbólicas” de la cultura popular. ¿Cómo opera ideológicamente la cultura popular construida en un discurso que la interpreta y la modeliza en una estética? La literatura (sistema de la cultura) como espacio discursivo (creación, discusión y gestión) en el que circulan proyectos político-culturales de “legitimaciones” en diversos campos referenciales de identificaciones ideológicas, tales como las espaciales (“regionalización”, “nacionalización”, “universalización”), las epistemológicas (“ilustración”, “culto”, “libresco”, “popular”, etc.), o las político-ideológicas (clases o grupos sociales, comunidades étnicas, sexuales). En síntesis, se trataría de un primer momento descriptivo para observar cómo funciona la construcción que el texto literario hizo de la cultura popular, en relación con el proyecto político-cultural que registra como referencia o que se configura a la vez en el texto.
Por otro lado, el “análisis cultural” requiere un desplazamiento del texto a la referencia misma que ha construido. Partimos de la necesidad de que es posible leer “entrelíneas”, leer lo que no está escrito, leer lo que está “informe” y codificado desde las formas de otro-registro (TORRES ROGGERO), leer el “discurso ontográfico” (KUSCH) que dice lo que aún no ha sido formalizado en la escritura del lenguaje. Si entendemos que la cultura popular (un dialecto de la memoria) se manifiesta en espacios de saber (subestructuras culturales) que se entrecruzan mutuamente y que esta interacción la configura en un recorte autónomo, otorgándole una identidad posible de ser reconocida, tanto los escritores como la crítica académica están insertos y operan en su construcción representativa.
Al interpretar las modelizaciones estéticas de la cultura popular estamos operando conjuntamente con la construcción de otra modelización que, a través de una heterogénea red de entrecruzamientos (vitales y epistemológicos), nos ubica en otra subjetividad, la del objeto que adquiere las representaciones identitarias de todos los actores que participan en su dilucidación: el agente de la cultura popular, el agente que la modeliza (el escritor) y el agente que pretende formalizarla a través de un saber académico (el crítico).
* * *
Lo popular se matriza en un discurso que refiere una modelización de la praxis del sujeto Pueblo, y la literatura, en tanto propuesta estética que lo discursiviza de diversos modos identitarios (como sujeto-nosotros o sujeto-otros), se ha postulado en uno de los tantos lugares de debate de su configuración en la literatura argentina. De tal manera, este libro se abre con las polémicas que la literatura puso en juego desde fines del siglo XIX hasta la década de 1940. En el capítulo I, “El Pueblo habla a través de nosotros”, nacionalistas, católicos y liberales, modernos y tradicionalistas, debaten el lugar del pueblo en la Nación que si bien llevaba pocos años intentando estructurarse en un proyecto político-cultural, había transitado algunas crisis que ponían en relieve su devenir histórico. Córdoba, espacio poco refractario a las vanguardias políticas y artísticas, se constituyó en la escena de la discusión entre católicos y liberales, que sin abandonar completamente algunos postulados positivistas configuraban el Pueblo como una otredad sumisa y disponible para su “educación” en la praxis cultural de las elites de provincia. Sobre el final del proceso yrigoyenista, Lugones, quien polemizó duro con los vanguardistas porteños sembrará variantes que proyectarán al Pueblo con un saber diferente que ni los modernos predicadores de la Nueva Poesía ni los tradicionalistas católicos habían percibido en sus intentos de “nacionalización” de un Arte en constante composición. Pero estas series textuales que diatriban la literatura en el marco de proyectos ideológicos de Nación, se complementan con el origen del folclorismo en la Argentina, en relación directa con los proyectos “nacionalistas” que confluyeron en las iniciativas de construcción de una Nación cuya heterogeneidad social se incentivaba en la idea de un origen “sustancial” en que el Pueblo no era más Otro-distante modelizado por ideologías enunciadas por distintos sectores de la clase dirigente.
En el capítulo II, “El Pueblo con Perón, el Pueblo con Nación”, los debates se desplazan a partir de los años 40 hasta el presente, dentro de la variable del peronismo como emergente social histórico que intenta romper con la distancia del Pueblo como una Otredad dispuesta a reivindicarse a través del mismo discurso que lo anula culturalmente. El Pueblo está en nosotros adquiere la identidad política que supera la praxis anterior de un discurso que lo distanciaba de los saberes que lo nombraban y le otorgaban existencia. Los proyectos “nacionales y populares” que el peronismo activó desde la construcción de un lugar único opuesto a la oligarquía, se encarnó, ya en los años 60 en la izquierda peronista, marcando la cancha de los impedimentos colonialistas que no le permitían a la Nación desarrollarse con su Pueblo. Sin embargo, esta puesta en juego de saberes que impusieron nuevas modelizaciones de la cultura popular, cosecharían también rechazos irreconciliables que plantearían de allí en más fuertes antagonismos difíciles de superar. El antiperonismo de intelectuales de diversos orígenes ideológicos (conservadores e izquierdistas), también intentarían promover no solo sus modelos de Pueblo sino también sus políticas de invisibilización, como una otredad amenazante para la tradicional elite dirigente del país.
En el Capítulo III, “El Pueblo habla de Pueblo, no más”, nos situamos en el siglo XXI, en que lo popular se identifica con nuevas variantes en los intentos de asunción de una voz que se dice a sí misma a través de los narradores jóvenes que escenifican el conurbano bonaerense y la “marginalidad” cordobesa, y también por medio de las letras de canciones de la música popular. Lo popular adquiere una nueva circulación social que expresa el emergente de nuevas modelizaciones de un sujeto cuya praxis política consiste meramente en visibilizarse en nuevos modos de decirse a sí mismo. Los jóvenes, y también los cantantes de cuarteto, marginales al canon de las estéticas “burguesas”, ponen en juego un discurso que tensiona la relación Nosotros/Otros en el lugar de la yuxtaposición.
Finalmente, en el último capítulo se incorporó un estudio que la literatura argentina y del Cono Sur muchas veces reclama como integrador pero pocas veces lo asimila. Un recorrido por la literatura boliviana en relación con la configuración de un Otro específicamente étnico, el cholo. Desde los paradigmas positivistas en que el cholo era un ente degenerado, pasando por el emergente de la revolución del 52, hasta el presente de la última generación de escritores, el análisis de la literatura puede revelar como los intelectuales bolivianos intentaron incluir al cholo en un modelo de Nación que los excluyó sistemáticamente. Sujetos sociales portadores de “humanidad” asumen en las últimas décadas valores y experiencias que antes solo eran patrimonio de los “blancos”, como por ejemplo, sexualidad y erotismo ya no son solamente referencias del ultraje del Otro-cholo, sino prácticas visibilizadas de un sujeto que ha adquirido política de su identidad.
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Este libro, por último, es el resultado de varios años de investigación del equipo de investigación que dirigimos Pablo Heredia y Domingo Ighina en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. En su Centro de Investigaciones (CIFFyH) María Saleme de Bournichon, se desarrolló el proyecto “Modelizaciones estéticas de la cultura popular en la literatura y el pensamiento argentinos”, por el cual recibimos el apoyo fundamental de la Secretaría de Ciencia y Técnica (Secyt-UNC). A estas instituciones nuestro primordial agradecimiento; luego, a nuestros colegas de la carrera de Letras Modernas y de otras universidades públicas del país.
Pablo Heredia
Índice
Capítulo I. Introducción. Pablo Heredia. Domingo Ighina.
Capítulo II. “El Pueblo habla a través de nosotros”
El botín del pueblo: Católicos y liberales en la Córdoba de entre-siglos. María Gabriela Boldini.
Una payada entre porteños vanguardistas y cierto cantor del norte cordobés. Jorge Torres Roggero
“El mundo ve tuerto”: aproximaciones a los proyectos culturales del nacionalismo argentino. Domingo Ighina.
Capítulo III. “El Pueblo con Perón, el Pueblo con Nación”
Peronismo y nuevo sujeto de conocimiento: Juan José Hernández Arregui y Rodolfo Kusch. Juan Arrieta.
Operaciones políticas en la narrativa de los 60. Pablo Heredia.
Cuando el “pueblo” reclama presencia. Enfrentamientos y contradicciones de la clase media argentina: Denevi, personaje y escritor. Nicolás Abadie.
De la “alteridad radical” a la “alteridad íntima”: Representaciones de la otredad en la trilogía La lengua del malón, El amor argentino y 77, de Guillermo Saccomanno. Juan Ezequiel Rogna.
Capítulo IV. “El Pueblo habla de Pueblo, no más”
“El marginal me llaman”: resistencias y estrategias discursivas en torno a la representación de la marginalidad en la literatura cordobesa. María Celeste Valle.
Horizontes programáticos y poéticas geoculturales. Aproximaciones a proyectos creadores colectivos en tres antologías de la NNA. Sabrina Rezzónico y Ana A. Testa.
Capítulo V. “Bolivia en el Cono Sur”
Mestizaje y procesos sociopolíticos en la narrativa boliviana del siglo XX. Magdalena González Almada.
5 abr 2013
EL GRUPO DE ESTUDIOS LITERARIOS DEL CONO SUR DE LA ESCUELA DE LETRAS MODERNAS DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES (UNC) INVITA a enviar trabajos (artículos, monografías y reseñas) producto de sus investigaciones con el fin de ser publicados en
SILABARIO Número de 2013
Homenaje a Julio Cortázar
Los trabajos presentados para ser evaluados por el Referato y responsables editoriales no deberán exceder las diez páginas (20.000 caracteres o 4.000 palabras). Deberá enviarse la copia del trabajo por correo electrónico a revistasilabariounc@gmail.com. Se presentará junto al trabajo, un resumen de no más de treinta líneas (o 2.000 caracteres). Deberá ser redactado en el idioma en que fue escrito el trabajo –español o portugués- y en inglés. Los colaboradores enviarán, junto con el trabajo y su resumen, una nota curricular del autor en donde se consigne, entre otras cosas: lugar de trabajo y lugar de residencia de dicho autor, desempeño de algún cargo (en caso de que lo hubiere) y una breve reseña de las publicaciones recientes. Se utilizará el sistema de citas “autor-año” (MARECHAL, 1948), escribiendo los datos pertinentes al final de la cita, entre paréntesis y el apellido del autor mayúsculas sostenidas. Las citas destacadas se escribirán en cursiva. Las notas se harán a pie de página, con numeración corrida y con letra menuda. Los títulos de los libros deberán escribirse en letra cursiva. Los nombres de las revistas se enunciarán con letra mayúscula sostenida. Los títulos de los distintos artículos de la revista –comentarios de libros, capítulos de libros y demás- se formularán con letra común, entrecomillada Los trabajos que no respeten este manual de estilo serán devueltos a sus autores para que los adecuen a él.
Los TRABAJOS se recibirán hasta el día 30 de Junio de 2013.
www.revistasilabario.blogspot.com.ar //Facebook: Revista Silabario
18 abr 2012
Convocatoria a presentar trabajos para SILABARIO
EL GRUPO DE ESTUDIOS LITERARIOS DEL CONO SUR de la ESCUELA DE LETRAS MODERNAS de la FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES (UNC)
INVITA a enviar trabajos (artículos, monografías y reseñas) producto de sus investigaciones, con la finalidad de ser publicados en
SILABARIO Revista de Estudios y Ensayos Geoculturales
relacionados con el siguiente temario
NUEVOS CAMPOS DE EXPERIMENTACIÓN DE LAS PRÁCTICAS CULTURALES EN LA UNASUR
Cultura popular y cultura de masas en los intentos de autonomía de la Unasur - Nuevos soportes de comunicación (blogs, e-books, libros y revistas digitales) - La democratización de las redes sociales en la web: limitaciones, condiciones y posibilidades de una militancia experta en soportes informáticos - Nuevos modos de comunicación de la libertad de expresión y de la democratización de la sociedad en la historieta, la música, los grafittis, el cine, la televisión, entre otras - La literatura de las minorías y el “gran público”: rupturas, continuidades y proyecciones - Políticas de la industria cultural en el siglo XXI en América del Sur - Fundamentos epistemológicos en América Latina para una lectura de las prácticas culturalesLos trabajos presentados por los invitados especiales no deberán exceder las veinte páginas (40.000 caracteres u 8.000 palabras)
Los trabajos presentados para ser evaluados por el Referato y responsables editoriales no deberán exceder las diez páginas (20.000 caracteres o 4.000 palabras)
Deberá enviarse la copia del trabajo por correo electrónico a silabariocordoba@gmail.com
Se presentará junto al trabajo, un resumen de no más de treinta líneas (o 2.000 caracteres). Deberá ser redactado en el idioma en que fue escrito el trabajo –español o portugués- y en inglés.
Los colaboradores enviarán, junto con el trabajo y su resumen, una nota curricular del autor en donde se consigne, entre otras cosas: lugar de trabajo y lugar de residencia de dicho autor, desempeño de algún cargo (en caso de que lo hubiere) y una breve reseña de las publicaciones recientes.
Se utilizará el sistema de citas “autor-año” (MARECHAL, 1948), escribiendo los datos pertinentes al final de la cita, entre paréntesis y el apellido del autor mayúsculas sostenidas.
Las citas destacadas se escribirán en cursiva.
Las notas se harán a pie de página, con numeración corrida y con letra menuda.
Los títulos de los libros deberán escribirse en letra cursiva.
Los nombres de las revistas se enunciarán con letra mayúscula sostenida.
Los títulos de los distintos artículos de la revista –comentarios de libros, capítulos de libros y demás- se formularán con letra común, entrecomillada.
Los trabajos que no respeten este manual de estilo serán devueltos a sus autores para que los adecuen a él.
16 abr 2012
GACETILLA DE PRENSA
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| Guayantisumu, versión en crayón de Miguel Valle |
“ CICLO DE PENSAMIENTO NACIONAL POPULAR Y LATINOAMERICANO”
ORGANIZADO POR EL INSTITUTO NACIONAL DE REVISIONISMO HISTORICO ARGENTINO E IBEROAMERICANO MANUEL DORREGO, LAS CATEDRAS DE PENSAMIENTO LATINOAMERICANO Y DE LITERATURA ARGENTINA II DE LA ESCUELA DE LETRAS, LA COMISION DE ARTE POPULAR DE LA ESCUELA DE ARTE DE LA F.F y H DE LA UNC, EL CENTRO CULTURAL RODOLFO KUSCH Y LA CÁMPORA CORDOBA
LUGAR: AUDITORIO. CENTRO CULTURAL NESTOR CARLOS KIRCHNER DE RADIO NACIONAL CÓRDOBA.
A PARTIR DEL 19 DE ABRIL 19 HS
EL CICLO SE REALIZARA TODOS LOS JUEVES CADA 15 DIAS ABORDANDO LA HISTORIA, LA LITERATURA, LA ECONOMIA, EL ARTE POPULAR, LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ENTRE OTROS, PENSADAS DESDE UNA MIRADA NACIONAL POPULAR Y LATINOAMERICANA
REALIZA LA APERTURA DE ESTE CICLO EL 19 DE ABRIL EL
DR ALBERTO LETTIERI.
"La historia como instrumento de la legitimación política en la Argentina"
Miembro Académico del Instituto Nacional de Historia Argentina e Iberoamericano Manuel Dorrego, Titular de la Cátedra de Historia Social Facultad de Ciencias Sociales, de Historia Argentina II e Historia de los Sistemas Políticos, de la Facultad de Filosofía y Letras UBA. Miembro del CONICET.
Estarán presentes en este ciclo anual:
Pedro Solans, Luis Launay, Pablo Heredia, Domingo Ighina, Pacho O’Donnell, Ana Maria Jaramillo, Enzo Regali, Hernán Brienza, Hugo Chumbita, Francisco Pestanha, Arizt Recalde, Milagro Sala, Sergio Castigliolo, Silvia Salamone, Julio Fernandez Baraibar, Víctor Saiz, Ernesto Jauretche entre otros
28 mar 2012
¡Ya salió la edición online de SIILABARIO, número 4!
PDF
Con Artículos de María Paulinelli, Víctor Hugo Arancibia, Alejandra Cebrelli, Laura Sánchez y José Marinstany
Con Artículos de María Paulinelli, Víctor Hugo Arancibia, Alejandra Cebrelli, Laura Sánchez y José Marinstany
27 mar 2012
Jornadas sobre el Pensamiento de Rodolfo Kusch
II Jornadas sobre el Pensamiento de Rodolfo Kusch
3,4 y 5 de Mayo de 2012
APERTURA
Elizabeth Lanata de Kusch / Florencia Kusch / Francisco Piñon
PARTICIPAN
Claudio Ongaro Haelterman / Carlos Cullen / Mauricio Langon
COORDINADORES
Adriana Zaffaroni (UNSA) / José A. Tasat (UNTREF) / Mario Vilca (UNJU)
ORGANIZA: Instituto de Políticas Culturales Patricio Lóizaga (UNTREF)
CILECI Centro de Investigaciones de Lenguas, Educación y Culturas Indígenas (UNSa)
Facultad de Humanidades y Ciencia Sociales (UNJu)
Se convoca a la presentación de relatos de experiencias: “INFLUENCIA Y PRESENCIA DEL PENSAMIENTO DE RODOLFO KUSCH” para compartir en los talleres, en las diferentes vertientes: Artística / Antropológica / Sociológica / Política / Educativa / Científica / Filosófica.
Cierre de la Convocatoria para presentación de relatos de experiencia: el 30 de Abril.
INFORMES E INSCRIPCIÓN: politicasculturales@untref.edu.ar cileci@unsa.edu.ar
27 ene 2012
¡Ya salió la primera edición online de SILABARIO, Nº3!
| Próximamente subiremos más números |
Silabario Online nº3
En esta edición virtual reproducimos artículos de Gaspar Vía del Corro, Alicia Poderti, Fernanado Rearti, Cristina Liendo, Paola Gramuglia, Juan Carlos Salazar, Rocío Cortés, Álvaro Kaempfer. Fe de erratas: las hojas faltantes en los artículos de Kaempfer y Cortés se enceuntran al final del documento.
Para consultar el resto de artículos y selecciones adquirir SILABARIO impresa
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6 ene 2012
29 dic 2011
Claves para pensar lo popular
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| KON-TIKI VIRACOCHA - Tiahuanaco~Peru~Bolivia Obra del autor Clayton Rippey en honor al dios Viracocha |
"La posibilidad de un pensamiento latinoamericano no se concreta si no se considera el pensamiento implícito en América, o sea su mundo vital o Lebenswelt, ya sea el del mundo precolombino, ya sea el del mundo actual" (Kusch, 2007: 438)
"Considerando el planteo señaladado, o sea a partir del pensamiento precolombino y popular, se determinan algunos supuestos provisorios. Mi intención estriba en ver si éstos sirven como punto de partida para un filosofar americano y si, una vez logrado esto, recién se pudiera ver en qué medida dicho filosofar se entronca con el occidental" (438)
"Ante todo se da en el pensamiento popular, el problema de la indeterminación. La afirmación carece de validez porque si bien se afirma a partir de un ego (en el sentido husserliano y hago referencia aquí a la sospechosa contradicción en que incurre Husserl en sus Investigaciones Lógicas, pág. 353, T.II, 1 ed., 1968) éste está disuelto en una problemática que lo trasciende y que, hace a lo que se ha dado en llamar lo sagrado. Esto conduce a una así llamada lógica de la negación donde se afirma desde la falsedad, en cierto modo por vía del absurdo" (439)
"En la diferencia entre el estar y el ser se da la diferencia etimológica entre "estar de pie" frente al "sedere" o "estar sentado", castellano. En esto se desliza una trampa linguística que el castellano introduce en en el pensamiento occidental, pero que hace al suelo de un pensar dentro de la cultura latinoamericana." (443)
"En lo popular se da un pensamiento que trasciende, entonces, la dicotomía entre subjetividad y objetividad y se disuelve en lo propio del estar que es la instalación en su doble faz, como la instalación del todo en la que entra: yo, mundo, prójimo, cosas y lo instalado en tanto implica la acción de algo que instala (...) El pensar, a partir de lo instalado, se ubica en el fundamento y éste, en tanto es lo absoluto, no es sino lo Otro que instala y que además piensa dicha instalación"(443)
"Podríamos formular todo esto y decir que el pensamiento popular apunta a algo que está y me piensa, pensando por mí, o también yo pienso lo que el otro piensa que yo debo pensar. En todo esto, pensar no implica una movilidad sino algo así como pensar el asunto (Sache)de Heidegger" (444)
"Popular no significa una diferenciación económica sino que más bien hace referencia en este caso a un discurso no reflexivo en el sentido de un tipo de pensar dejado como residual por el pensar reflexivo" (455)
"Corresponde preguntar, entonces, ¿qué significa investigar? Según su etimología supone buscar la huella del pie, seguir un rastro, (vestigium). Hace referencia a lo concreto de la huella, pero también al encuentro súbito con lo enemigo o sea lo otro, que está previsto. La búsqueda implica un espacio de investigación que va de la hipótesis, pensada en un área que hace a un sujeto, a lo otro que lo confirma, que corresponde al área del objeto. A todo esto, la hipótesis, en tanto apunta a lo previsto, confirma lo otro como un modo de lo mismo. A su vez, en tanto se trata de buscar un modo de lo mismo que se da en lo otro, lo mismo hace a algo que participa de lo humano y que subyace al aparente desgarramiento entre sujeto y objeto abierto por la investigación. Por este lado, en tanto es lo mismo humano, el polo de interés de la investigación se fija en el sujeto. El itinerario de la investigación es entonces circular, o sea tautológico, porque en todo esto el método no hace más que confirmar lo previsto por un sujeto que se ubica desde lo mismo humano" (499)
" La investigación de un pensamiento americano a partir del pensamiento popular, hace entonces a la aclaración del pensamiento en general" (500)
"En el fondo no es cuestión de inaugurar una nueva trampa filosófica, sino de poner en evidencia, si se quiere, la trampa heredada que nos obliga a no esperar lo mismo, sino lo otro en el extremo de la investigación, pero que en el fondo es lo mismo desde nuestra diferencia, que a su vez fue diferida por el pensamiento occidental" (505)
"A partir de aquí, una vez colocado en el límite de lo comprensible, o, si se quiere, de lo que se sabe, cabe una redimensión de lo ya dicho tradicionalmente en Occidente. Todo se redimensiona naturalmente y con una actitud metódica que hace a un antimétodo que consiste en ubicarse en la contradicción misma (1) y ver si aparece una salida, que muy poco tendrá que ver, por ejemplo, con el acceso plácido del sentido que propone Sprangler" (506)
"Al margen de esto, el aporte de Jung es más profundo, especialmente si se trata de ubicar el asunto (Sache) al cual se refiere la palabra popular. Esto asoma cuando Jung trata la diferencia entre "yo vivo" y el "me vive".
La menciona cuando se refiere al paso de la mera individualidad de un sujeto sicológico hasta el logro de una integración que se traduce en la constitución de un "sí mismo" que es vivido por el sujeto como ajeno a él. La integración a su vez es lograda mediante la conjunción de dos principios de organización de la psique: una es la que rige la conciencia desde el yo, y que hace al individuo sicológico, y otra es la que se ejerce a partir del ello y que se da como energía inconsciente. A partir del inconsciente, obran los arquetipos que funcionan como principios organizadores de la psique:
"Es posible que todo lo referente al arquetipo, a la sombra o al inconsciente, son hallazgos tímidos, provocados por la ampliación de las áreas de objetividad, pero que modifican considerablemente la así llamada racionalidad científica. En nuestro caso americano, esto nos permite operar sobre un área objetiva mucho mayor, aun cuando no haya instrumental ortodoxo para abarcarlo todo. Por eso hacer la filosofía entre nosotros supone incurrir en la ambiguedad, y sólo cabe una operatividad metódica" (511)
"Por su parte, lo binario es un elemento común, a toda concepción del mundo popular. Se vincula en gran medida con un predominio de lo emocional sobre lo conceptua,l como ya expliqué en un trabajo anterior, lo cual responde, a su vez, a un universo concebido a modo de una dualidad, en la cual las cosas pierden su vigencia óntica.
Esto me hizo pensar que en el fondo de todo discurso se da una fórmula binaria. El discurso podría registrar el primer elemento, pero se estructura sobre la presencia del otro que refiere a lo negativo o inconsciente. Entre ambos configuran la totalidad del pensamiento o la palabra que se quiso decir" (519)
"Según esto podríamos definir lo dicho así, especialmente con vistas a encontrar elementos que permiten entrar en el pensar popular: hay un punto de partida que es ternario, que hace a una constante diferenciación entre oposiciones, por una parte, y a la posiblidad de un Absoluto como mediador original por la otra; en torno a esto gira el sujeto como un cuarto término en dispersión que trata de constituir su centro a partir de su propia ambiguedad y con referencia a un Absoluto imposible de determinar en el simple espacio de significación a que se ve reducido"
"Con esto se roza un campo pre-ontológico desde el cual las consideraciones de Heidegger corresponderían posiblemente a una proto-ontología; o sea a un ser ya constituido que se fundamenta en el corpus de las especulaciones sobr el ser constituido tradicionalmente en Occidente.
Pero esto abre una problemática que pertenece a un pre-recinto o hueco pre-filosófico que podrámos llamar del estar, en donde no cabe tanto la reflexión sobre un ser constituido, sino más bien, sobre la previa experiencia originadora del ser." (537)
Kusch, Rodolfo (2007) "El pensamiento popular desde el punto de vista filosófico (consideraciones sobre el método, los supuestos y los contenidos posibles)" en Obras Completas Tomo III. Editorial Fundación Ross.Rosario.
(1) "Nos hemos propuesto en esta oportunidad poner en circulación la categoría de fagocitación, fundamentalmente, porque consideramos que comporta una "vuelta de tuerca" en el trabajo específico de análisis discursivo. Nos referimos al hecho de que pensar los discursos en consonancia con esta categoría posibilita ver el revés de la trama (...) La fagocitación exige la no suspensión de la dualidad y, de ese modo, los contrarios coexisten (...) Esto bajo ningún punto de vista implica una reducción de las problemáticas, una eliminación de la heterogeneidad, de la complejidad, como tampoco una síntesis de los contrarios (...)En todo caso, el término 'dualidad' implica la necesidad de destruir lo monológico, lo unidireccional y entender que debajo de la trama superficial hay otras voces discurriendo (...) Entonces no se trata de quién enuncia (o por lo menos, no como presupuesto central y vertebrador sino de lo que se filtra, o mejor, infiltra, contamina la voz. De lo que se absorbe o sorbe desde la profundidad hedienta, desde el discurso clandestino que de repente se actualiza, sobreponiéndose a una intencionalidad consciente (BOCCO, 2002: 100)
BOCCO, Andrea (2002). "El concepto de fagocitación y sus implicancias en la crítica literaria latinoamericana" en REVISTA SILABARIO , Núm.5, año 2002. Págs. 95 a 103.
VER. En esta página: Nota de María Rosa Lojo: "H.A Murena y Rodolfo Kusch: Barbarie como seducción o pecado" en Anales de Literatura Hispanoamericana, número 22, Editorial Complutense, Madrid. Pp. 415-420.
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23 dic 2011
Rodolfo Kusch: Una implacable pasión americana
Por Mario Casalla
Rodolfo Kusch es un pensador esencialmente heterodoxo, que lee y estudia la mejor tradición académica, pero en función de su propio interés casi obsesivo: dar cuenta del ser americano y del mandato cultural que de él surge. De allí que en su propia generación filosófica haya resultado tan original como poco difundido: mientras que a partir de los 70 encuentra un nuevo espacio y aliciente de reflexión. Se trataba del grupo de nuevos y más jóvenes filósofos argentinos y latinoamericanos que fueron conformando -heterogéneamente, es cierto, y desde diferentes posturas filosóficas y sociales- la corriente genéricamente denominada "filosofía de la liberación" (con sus correlatos en el campo de la teología y de las ciencias sociales). Dentro de ella -cuyo órgano de expresión más importante en la Argentina fue la Revista de Filosofía Latinoamericana- la posición de Kusch expresaba la del sector más ligado a la indagación de nuestra propia identidad nacional desde sus propias categorías, rechazando cierta postura universalista de cuño marxiano, también en boga en aquellos años.
En lo político y social -también referentes inexcusables de la época-, se ubicaba dentro de una postura democrática y popular, moderada, que encontraba desde lo cultural un referente político en el justicialismo. Pero no fue un hombre de partido, ni un político militante. Su esfuerzo principal estaba en el terreno del pensamiento y, desde allí, su obra adquiría trascendencia en una América Latina que, dolorosamente, buscaba entenderse a sí misma y proyectarse en un horizonte de justicia.
Se trataba, entonces, el suyo de un pensamiento jugado y comprometido con lo real: hecho de afirmaciones fuertes y meditadas , que provocaban en su interlocutor la necesidad de revisar viejas categorías y contrastarlas con ese mismo "real" que es lo americano.
Éste, para Kusch, implicaba un corte epistemológico profundo con la cultura europea moderna (superpuesta desde el siglo XV, a ese originario de América). En este continente "nuevo" hay también una sofía ("extraña sabiduría", dirá Kusch), pero no una filosofía en el sentido europeo-occidental de este término.
La europea es esencialmente una cultura masculina, de un yo dominador que, munido de su ciencia y tecnología, actúa y modifica el mundo a su antojo. En cambio, la americana es una cultura femenina: de la primacía del estar por sobre el ser; donde lo real prevalece por sobre el sujeto y ese "estar abierto" al juego de las fuerzas de lo "real" es un juego dramático sin certezas. De aquí que, mirado con ojos europeos (o europeizados) esta América resulta horrorosa y casi incomprensible. Ambos tipos de cultura se superponen conflictivamente en el mestizaje (característica básica de lo americano actual) y en él lo profundo actúa "vegetalmente" (devoradoramente) sobre lo europeo superficial. Esto tanto en las ciudades como en el campo: muchos más acentuadamente, por cierto, en este último.
Este corte cultural profundo supone- ya en el nivel de la filosofía- dos direcciones distintas para el pensar: o aferrarse al "ser" y desear "ser alguien" o ser capaz de afrontar ese "estar" originario y permanecer en él. Lo que Kusch llama el "estar aquí" o el "mero estar" que, lejos de implicar la impotencia o el desapego del hacer, nos compromete con otra forma de la acción y de la conducta. Para contrastar más aún estas dos direcciones, Kusch elabora una serie de categorías polares, cuya primera denominación corresponde al orden del "ser" y la segunda al del "estar": racional/irracional; la pequeña historia/la gran historia; lo animal/lo vegetal: la lógica de la afirmación frente a la lógica de la negación y toda otra serie de oposiciones (sin solución dialéctica a la hegeliana), cuyas denominaciones van cambiando o recombinándose en sus diferentes obras. Ambas actitudes - y esto es esencial comprenderlo- se dan mestizamente en todos nosotros, los americanos, y según predomine la una o la otra comprenderemos mejor o no lo que nos pasa en esta América que habitamos. Al respecto de su primera obra, La seducción de la barbarie (1953) ya podemos leer" De ahí el continente mestizo. América se encuentra irremediablemente escindida entre la verdad de fondo de su naturaleza demoníaca (el estar) y la verdad de ficción de sus ciudades (el ser)".
Precisando en América profunda (1962): "Uno es lo que llamo ser o ser alguien y lo descubro en la actitud burguesa de la Europa del siglo XV y,el otro, el estar aquí, que considero como una modalidad profunda de la cultura precolombina. Ambas son dos raíces profundas de nuestra mente mestiza -de la que participamos blancos y pardos- y que se da en la cultura, en la política, en la sociedad y en la psique de nuestro ámbito".
Esta fractura lo lleva a Kusch a bucear -combinando heterodoxamente a Jung con Heidegger y el existencialismo- en temas de antropología y psicología profunda. En su versión la existencia es un drama: hay un miedo original común a toda la especia humana (ancestral). Es un miedo a perder las pocas cosas que constituyen nuestra realidad (reducida) el cual, a su vez, adviene cuando somos capaces de reconocer nuestra original indigencia frente a las fuerzas y poderes que no somos nosotros y que, arquetípicamente, llamamos Dios.
Lo que buscamos es así protegernos de esa "ira de Dios". Este estado emocional profundo, insoportable, genera dos posibles respuestas: la de negar ese miedo y así aferrarnos a nuestros precarios instrumentos de poder (ciencia y filosofía a la europea) o de asumirlo y contar con él en todos nuestros actos, hijos así tanto de la voluntad como del miedo. Lo primero nos permite "ser alguien", pero lo reprimido queda molestamente en nustro inconsciente (individual y colectivo), mientras que lo segundo genera ese "estar" típicamente americano. La actitud negadora del miedo ancestral nos sumerge en una cultura sin peso ontológico y de carga fuertemente subjetiva ("un mundo sin objetos y con sólo el hombre"). En cambio, la actitud que asume ese miedo ese miedo devuelve peso ontológico al mundo reestableciéndose así el equilibrio originario de hombres y cosas (con primacía de éstas, que lo enfrentan y minimizan en su omnipotencia). Reaparece, así, aun en medio de nuestra cultura tecnológica y del poder humano, ese "mundo cargado de dioses y de demonios" que en el altiplano nunca se perdió del todo.
Y es precisamente en una voz de ese altiplano donde Kusch encuentra fundamentos linguísticos para su estar: en quechua el verbo copulativo "cay" equivale a lo que en castellano nosotros separamos como "ser" y "estar".
Sin embargo allá se trata de un ser con marcada significación de estar. Su forma de predicativo (es-está) se refiere al sujeto de la oración bajo la forma de accidentalidad y no conlleva la necesidad de "sustancias" como en castellano. En aquél mundo indígena cargado de dioses-pero también en nuestro prolijo mundo ciudadano, por debajo del asfalto- lo que es o está bien podría no ser o no estar.
El quechua no tiene verbos que designen conceptos abstractos, sino que señalan la adjudicación pasajera de cualidades a un sujeto pasivo. Este no se altera con la acción, sino que cambia de tonalidad según sea lo que sobre él se ejerce. De allí que se trate de una cultura profundamente estática, que nos exaspera a nosotros, los hombres de las ciudades que "somos alguien"
Casalla, Mario(2007) Prólogo a Indios porteños y dioses en Rodolfo Kusch, Obras completas tomo I. Editorial Fundación Ross. Rosario.
17 dic 2011
Autorreferencialidades, iniciaciones, extrañamientos
Autorreferencialidades, iniciaciones y extrañamientos
Introducción a un panorama de la literatura argentina de los últimos años
Pablo Heredia
Resumen:
Se trata de una lectura panorámica de la narrativa argentina actual que recorre, a través de algunos ejes recurrentes, la obra de escritores jóvenes que han publicado en los últimos tres años. Hemos partido de algunas preguntas que apuntan a considerar inquietudes que surgen de los textos mismos, como así también de reflexiones arraigadas convencionalmente en la sociedad, que al fin de cuentas interactúan por asimilación, réplica, reacción o incluso omisión. ¿Cómo se está narrando la Argentina del siglo XXI? o para ser más específicos ¿cómo se narran las experiencias de las subjetividades del/en el siglo XXI? Si bien las variaciones y diversificaciones de estos interrogantes arrojan múltiples lecturas, destacamos en esta narrativa un trabajo común con la construcción de registros autorreferenciales que problematizan el acto de narrar para interpelar las representaciones de las subjetividades actuales en la experiencia del siglo XXI.
Palabras claves:
Autorreferencialidad – Iniciación – Extrañamiento – Narrativa argentina – Siglo XXI
Autorreferencialitys, initiations and wonders
Introduction to a panorama of the Argentine literature of last years
Abstract:
It is a question of a panoramic reading of the Argentina current narrative that it crosses, across some axes appellants, the work of young writers that they have published in the last three years. We have departed from some questions that point to consider worries that arise from the texts themselves, since like that also of reflections established conventional in the company, which after all interact for assimilation, reply, reaction or enclosedly omission. How is the Argentina of the 21st century narrated? Or to be more specific how do experiences narrate the subjectivities of / in the 21st century? Though the variations and diversifications of these questions throw multiple readings, we emphasize in this narrative a common work with the construction of records autorreferenciales that problematizan the act of narrating to address to the representations of the current subjectivities in the experience of the 21st century.
Key words:
Autorreferenciality - Initiation - Wonder - Argentine Narrative - 21st century
Esta lectura panorámica de la literatura argentina actual no pretende ir más allá del objetivo de sondear por algunos ejes que se están trabajando en la narrativa de autores jóvenes que han escrito sus novelas o volúmenes de cuentos en los tres últimos años. Obviamente, el recorte que implica este panorama obedece a un criterio de selección que habla mucho más del gusto de nuestra subjetividad que del orden jerárquico que impone el canon de las editoriales y en algunos casos también las academias. Sin embargo, esta subjetividad está atravesada por algunos criterios que haremos explícitos en el emprendimiento de esta rápida visualización de la narrativa argentina actual. En primer lugar, destacamos aquellos textos publicados en los tres últimos años, y en los casos en que mencionamos algunos anteriores se debe a la intención de señalar no tanto un antecedente o influencia sino más bien crear hipotéticas series en las que confluyen búsquedas en el mismo sentido, de acuerdo a los ejes de lectura que hemos trazado en un principio. Este criterio va acompañado, para delimitar aun más el corpus, del dato que dice que estos/as escritores/as comenzaron a publicar sus textos a partir del año 2008 en adelante, o al menos fue en esos años que lograron con sus novelas o volumen de cuentos una mayor repercusión. Esta señal, además, concuerda con una marca generacional, ya que todos tienen entre 30 y apenas pasados los 40 años, condición que aquí, por motivos que aluden a nuevos corrimientos etarios, inferimos que son jóvenes.
Hemos partidos de algunas preguntas que apuntan a considerar inquietudes que surgen de los textos mismos, como así también de reflexiones arraigadas convencionalmente en la sociedad, que al fin de cuentas interactúan por asimilación, réplica, reacción o incluso omisión. ¿Cómo se está narrando la Argentina del siglo XXI? o para ser más específicos ¿cómo se narran las experiencias se las subjetividades del/en el siglo XXI?
Autorreferencialidades: el narrador se escribe a sí mismo.
Uno de los ejes centralizadores de la tradición literaria argentina, a la manera de un movimiento centrípeto, se configura en la construcción de un narrador que articula su mundo alrededor de la explicitación de su propia figura en el acto de narrar. Desde dónde se narra la ficción conlleva una trama de reflexiones y registros de la cocina del escritor que pone en crisis su propia identidad operativa, así como también el mundo referido en la historia misma que se relata. Se trata de la posibilidad de narrar esta historia introduciendo en su programa narrativo otra trama: la de las tensiones que pone en juego el narrador para desarrollarlo. Marca de estilo, la ficción se urde en los sentidos puestos en escena alrededor del acto de narrar. Básicamente, esta autorreferencialidad posee diversas direcciones en la tradición literaria argentina: por un lado, un narrador que se impone en la distancia de lo narrado para repensar el movimiento de los personajes en relación a la trama de sentido que articula sus historias, y por el otro, un narrador que transita la historia como un personaje-escritor que a la vez que refiere una anécdota en la cual es personaje. En este último caso, en el acto de enunciación se exponen las tensiones de sus problemas para narrar, poniendo en juego la heterogeneidad de posibilidades que participaron en la construcción de esa trama, sometiéndolas a discusión y relativizando apropiaciones de objetos que supuestamente están presentes en el mundo narrado, como por ejemplo las categorías de representación, de verdad y de realidad.
Inmersos en el propósito de señalar tendencias en la literatura actual, podemos observar como en algunos de los textos que hemos retenido para este recorrido marcan sus actos narrativos en el registro de la ficción autobiográfica. La experiencia de narrar sostiene el recorrido por un pasado reciente que alude autorreferencialmente, en relación directa, a las peripecias de los personajes dentro de un mundo referencial de los años 80, periodo en donde transcurren sus infancias o adolescencias.
La novela Nivel medio (2010) de Sergio Gaiteri se desarrolla desde la alternancia de dos narradores en primera persona que con sus voces construyen la historia de una relación en común. Por un lado, el relato de Claudio, un profesor de lengua del secundario con ínfulas de escritor que se acaba de separar de su mujer y emprende un mero transcurrir de su vida en relación a ella, su hijo y algunas amantes que se le cruzan circunstancialmente por su vida; y por el otro, el dentista Julio, actual pareja de su exmujer. La voz de Claudio reconstruye su experiencia en el colegio donde da clases a través del vínculo con un alumno especial, cuya conducta dudosa solo él conoce, potenciándola hacia su supuesto talento para escribir; con este alumno el profesor trama un relato policial en el que el colegio pasa a configurarse simbólicamente en un espacio en donde se dirimen las miserias de las conductas humanas. La relación desavenida con la profesora de artes se liga al profesor de música, posterior amante de la profesora, acusado de haber abusado de una alumna. El enigma se trama desde el saber del narrador Claudio, quien intuye la inocencia del profesor pero no lo confiesa. Este enigma irresuelto que devela una cierta pusilanimidad traza el carácter del protagonista para cruzarlo luego con la paulatina degradación de su voz, registro que marca simbólicamente el sentido de la historia narrada.
Las historias de los personajes se cruzan urdidas por las impasibles visiones de los narradores, cuyas vidas se desplazan por la trivialidad de lo cotidiano. El vínculo de Claudio con su hijo articula el cruce de su relato con el de Julio, cuyas historias se van uniendo gradualmente en la medida en que sus voces acaban relatando el mismo hecho. La estructura dialógica, entonces, configura el núcleo de sentido de la novela en que las voces primero se yuxtaponen y luego gradualmente se van superponiendo, devorándose entre sí sus puntos de vista. De este modo se intercalan los relatos del profesor y del dentista, hilados por la relación de ambos con Cecilia, a la vez exmujer de uno y pareja del otro. Esta trama de voces se sostiene en el símbolo de la fagocitación. El dentista amante de Cecilia se ha metido en la boca de toda la familia, e incluso, para sellar el acto del cruce de voces, en la de Claudio; es decir, culmina introduciéndose en la boca de la otra voz, apoderándose de ella, devorándola, para que el relato concluye en el fin del dialogismo. No solo porque uno ha devorado la voz del otro, sino también porque el dentista cree haber cerrado un ciclo de su vida: la noticia de que su hija está embarazada lo descoloca situándolo en el lugar de una voz que probablemente entre en otro juego, el de devorar otras voces que nacen en su entorno.
Novela tramada con la tonalidad de una narración impasible que tensiona lo real del transcurrir de vidas sin más, cuestiona la representación de deseos cruzados que solo hallan una escenificación en las voces que los dicen y los proyectan. Nada es lo que una voz dice sino su construcción misma en tanto explicita su propia experiencia para contarla. El asombro brota de la trivialidad de un mundo que se asume como es desde la lengua que lo dice; su correlato, el ritmo de una narración que juega con la distancia de la impasibilidad.
En La moza, nouvelle publicada recientemente (2011), Gaiteri continúa en parte con la misma matriz del ritmo narrativo, esta vez solo desde la exposición transparente de un narrador cuya voz transcurre por la distancia que él mismo expone con el fin de construir el lugar de la ausencia de los juicios de valores, las impresiones personales y las miradas psicologistas. Este narrador en primera persona se desliza por un muestrario de los hechos que suscitaron la separación de su mujer y la posterior relación con su hijo adolescente. Vínculos de la incomunicación con su hijo, la voz del protagonista sesga las expectativas de la relación con el resto de los personajes, en donde la trivialidad de los hechos va devorando sin más la vida de todo lo que se relaciona con él. Lugar donde el no pasa nada revela otros no pasa nada; lo real del transcurrir de la vida es la construcción de una voz que dice apenas la degradación de un sujeto que no puede decir la voluntad de un proyecto de vida. La incomunicación del protagonista con su mundo se va ampliando, corroyendo sus relaciones impasiblemente. En la fiesta de un casamiento conoce a “la moza”, con quien tendrá solo una relación pasajera que sin embargo se instaurará en el relato como el punto de inflexión en que el vínculo con su hijo se desviará supuestamente hacia otro nivel. Su hijo, que ha presenciado desde su cuarto este affaire, de repente entra en la vida del protagonista como una presencia que lo identifica con la voracidad de la degradación de ese no pasa nada que atormenta sus deseos.
Una lectura del procedimiento narrativo, nos permite identificar La moza como un relato de la historia de un acto de narrar que dice la trama de la monotonía trivial de una vida (separación, amantes, relación con la adolescencia) que no acaba de restablecerse pero tampoco se desmorona, apenas articula ciclos que despertarán en nuevas experiencias que ponen en escena el acto de representarlas. En fin, se trata del relato de una voz que dice su propia mirada para narrar su mundo sin jerarquías de sentidos: la voz del narrador sostiene, sin establecer registros de prioridades, el único mundo posible de su vida a través de su propia construcción, que es la única mirada que se puede contar. La vida pasa porque hay alguien (un yo) que la muestra solo como una mirada que la dice: nada es todo lo que él puede mirar.
La autorreferencialidad del acto de la escritura está planteada también en el volumen de cuentos Un oso polar, de Pablo Natale, particularmente en el relato que lleva el título del libro, en el que el narrador indaga en la trama del relato acerca de las posibilidades de contar la biografía de su personaje. “¿Cómo narrar, en la vida de una persona, el punto de partida desde donde se bifurca un deseo, cualquiera que este sea?” (15) Si bien la pregunta, en su formulación, puede acarrear algunos vestigios borgeanos, su desarrollo se orienta hacia otras direcciones cuyas latitudes Borges obviaría: el deseo. El enigma del Tío Mel y luego las incógnitas acerca de toda una familia que va perdiendo su genealogía en el olvido, traman la biografía a través del sentido que le impone el narrador cuando refiere las condiciones de un tiempo impreciso de la historia para poder dar cuenta de una “coherencia” que resulta difícil de explicitar en los avatares de la familia. Las fotografías son una posibilidad, y el narrador las despliega como una señal para dar pistas sobre el enigma de la familia, protagonizada por la niñez y juventud de Lautaro Hans Melzenberg, cuyas manos se paralizan en determinados momentos de su vida, algunas veces cuando el narrador advierte sobre la dificultad de representar el acontecer de sus experiencias. La vida se narra desde la escritura y también con imágenes (las fotografías insertas en el texto); y las manos de Lautaro se movilizan o no de acuerdo a la intensidad de las posibilidades de la narración. La visión de Lautaro del Oso Polar, sobre el final, anuncia la muerte, que en forma circular y por contraposición con respecto a su niñez, el protagonista muere moviendo “histéricamente las manos”. Se habla con las manos que se constituyen en la herramienta que se paraliza y se activa según las posibilidades de la narración para abarcar la historia de una vida cuya única referencialidad son las imágenes que proyectan equívocamente las fotografías.
Fotos, dibujos y escritura, se configuran en registros de diversos sentidos que asume el acto de escritura para narrar la posibilidad de armar una historia en el resto de los cuentos de este volumen. Historias mínimas que transcurren a lo largo de toda una vida, o fragmentos extensos de una vida, se imponen como referencias de mundos posibles no solo para narrarlos sino por sobre todo para reflexionar sobre el acto de la escritura y su capacidad para imaginar y transmitir esas vidas.
En el volumen de cuentos La hora de los monos (2010), Federido Falco trabaja en algunos relatos en el mismo sentido. “Ballet” es el cuento que desarrolla con mayor transparencia el registro autorreferencial, en donde un escritor, en primera persona, cuenta, dentro de una cotidianidad absurda, un periodo de su formación dentro del oficio. El narrador relata su vida ordinaria de escritor, cuyo mundo es aprehendido a través del extrañamiento que produce una cotidianidad que solo se percibe por los sentidos sensoriales que provienen del exterior. Un funcionario del gobierno lo cita para proponerle participar de un proyecto que acepta inmediatamente, ya que presume será una forma de reconocimiento a su obra. La propuesta consiste en la adaptación de su obra a una representación de danza moderna que una artista recreará a partir de un libro de cuentos que él ha publicado recientemente. El relato transcurre por la relación del narrador-escritor con la esquiva y extraña bailarina, y la trama se desenvuelve en un doble registro: por un lado, la matriz de la vida trivial de escritor que busca un reconocimiento, y por el otro, la matriz paródica que trabaja sobre el ridículo que asume el absurdo en la representación de la bailarina de alguno de sus cuentos, que el escritor nunca termina de comprender. La situación kafkiana llega a su clímax en la representación final, pero una vez que el proyecto se ha bajado debido a que el funcionario ha renunciado; el absurdo de la representación se cruza y unifica con la patética condición del escritor.
Esta modalidad de autorreferencialidad, de acuerdo a las lecturas que hemos desarrollado en estos textos, se trama, en suma, a través de dos niveles: el de la configuración de un narrador que construye el relato explicitando las tensiones por las que atraviesa en el acto de narrar para exponer esas vidas que apenas dicen la trivialidad de lo cotidiano como una posibilidad de captar un sentido que las representen, y el de la representación de un narrador-escritor que se presenta desde un lugar que lo identifica socialmente a través de las peripecias de su condición individual, que, como correlato de lo anterior, se propone desde un extrañamiento que devela el orden cotidiano de su oficio en un mundo en que apenas está como una posibilidad para comunicarlo.
Iniciación: el narrador construye su aprendizaje
Si bien El origen de la tristeza (2004) de Pablo Ramos escapa a nuestro recorte panorámico, a través de un rápido vistazo partimos brevemente de esta novela integrada por tres relatos que poseen independencia entre sí. En los relatos, Gabriel, el protagonista-narrador, estructura la trama de iniciación de un adolescente, en que los suburbios de la gran ciudad se configuran en el escenario propicio para las aventuras que marcarán la vida del personaje cuya voz lo instala en el universo de los años 80. En el primer relato, Gabriel es un niño que se desbanda de su familia para experimentar la vida con un ser marginal que trabaja en el cementerio; con él se inicia en la lectura, reescribiendo-homenajeando, quizás, al Silvio Astier de El juguete rabioso (de hecho, un frase de Arlt encabeza los epígrafes del libro: “¿Cómo describir mi llanto…, mi odio…, la desesperación de haber perdido el paraíso?”); en el segundo relato, el protagonista avanza sobre la iniciación en el alcohol y el sexo, y en el último, por la experiencia en el barrio y la escuela. El origen de la tristeza se configura entonces como el tránsito de la conciencia de la pérdida de la infancia, la aventura de estar transcurriendo en un mundo al margen de las convenciones morales de una sociedad que ya no es la misma, hacia la pérdida de aquella alegría que brotaba de la experimentación de ese mundo marginal para los adultos, lo que implicaba desafiar el miedo, la muerte que llega y la inocencia de la mirada libre sobre los cambios de la pubertad y del mundo que también se ha ido. En este sentido se distancia de la trama de sentidos arltianos, en que la iniciación implicaba un aprendizaje humillante y sin posibilidades de redención moral; en estos relatos el narrador trabaja con diversas grietas sentimentales que dejan entrar la nostalgia, con las cuales va tramando un programa narrativo ideológico que soporta un pasado mítico original de lo que ya no puede ser desde el punto de vista del adulto que narra la experiencia.
Desde un registro semejante, Juan Diego Incardona, en Villa Celina (2008) recorre una autobiografía fragmentaria de sus vivencias en la niñez y la adolescencia en los años 80. La trama de iniciación de un adolescente (el enunciador Incardona) en un barrio peronista, fierrero, tanguero, rockero y ahora también con cumbia, se articula a través de un narrador “biográfico” que desde el presente del adulto rememora, sin juicio de valores con respecto a la actualidad, una Edad Dorada y perdida del barrio. Sin embargo, aquí el espacio del barrio, si bien ha procesado los cambios de los años 90, no está escenificado con nostalgia, aunque sí la vida personal, en tanto adolescencia perdida y feliz.[1]
La relación serial que hemos leído a través de los textos de Ramos e Incardona, se puede establecer también entre las obras de Hernán Arias y Federico Falco, solo que en estos últimos la iniciación del adolescente está narrada desde una matriz que no apela a la nostalgia. El universo adolescente está tramado en la distancia axiológica del narrador que pone en escena las acciones de los personajes evitando las manipulaciones subjetivistas del acto de recordar. La sed (2005), de Hernán Arias, quizás una de las novelas mejor logradas de la literatura argentina de la década del 2000, se desplaza tanto por la configuración de un narrador que dice la historia de un niño que vive en el campo, como por la trama del relato de iniciación y aprendizaje. Novela estructurada en cinco capítulos como relatos independientes titulados con fechas que median entre sí pocos meses, desde el año 1986 hasta principios de 1987, la acción se sitúa en un pasado que se condice con la niñez del autor. Relato de aprendizaje, el narrador en primera persona presenta distintos cuadros de aprendizaje de su vida en el campo familiar. La narración morosa, casi hiperrealista, de la experiencia del niño se puede leer como una contracara de Don Segundo Sombra, en donde la figura enigmática de su tío se propone como el maestro de un desvío de la moral familiar y campestre del trabajo. La voz del narrador refiere su experiencia junto a su familia en el campo de la pampa gringa, construyendo un mundo trivial articulado a través de la unidad de símbolos que se entroncan en el acto del aprendizaje del niño-protagonista.
El primer capítulo se centra en la caza de la liebre y su posterior preparación para la comida (alimento); en el siguiente, la tarea de cortar leña en el monte, la suficiente para guardar como subsistencia vital, y el encuentro con el búho (sabiduría); en el tercero, con la visita de los familiares, se desarrolla la relación con su primo que ha regresado de Córdoba de vacaciones, conjuntamente con el relato del Tío que narra la historia de Buttiglieri, el gringo codicioso y avaro que amarroca el dinero y se vuelve loco: es verano y el calor sofoca, por eso la acción redunda en la sed y la preparación de jugo para amansarla (el agua); en el capítulo cuarto se narra el entretenimiento, la carrera de cuadreras y la experiencia iniciática del robo de la botella de vino (ocio); y en el último, que se separa solo de una semana del anterior, el aprendizaje de la preparación del asado, la tormenta posterior y la despedida del tío, para cerrarse con la supuesta “aparición” de Buttiglieri. La serie semántica alimento-calor-saber-agua-ocio-cultura trama el aprendizaje del niño desde la construcción de un mundo pasado cuyos datos de esa experiencia se conservan en la voz del adulto que lo representa con la misma matriz de la visión del niño. El niño refiere el mundo de los adultos desde la ajenidad que lo distancia de ellos, en que las historias secretas de su familia se van tejiendo y armando fragmentariamente desde algunos datos que proporcionan su mirada, construyendo de esta manera la impronta de diversos enigmas familiares que van tramando su enfoque. La perspectiva del niño solo capta parcialmente la relación entre los adultos que se mueven en un mundo distante e inaccesible repleto de enigmas que le están vedados. La figura del Tío guía y centraliza esta fragmentación del mundo de los adultos y a la vez marca el aprendizaje del niño. Desavenido con los códigos familiares, el Tío se constituirá en el enigma de su aprendizaje que sus padres no le quieren develar. Oveja negra que rompe los códigos familiares, enigmáticamente se presenta para marcar el tono del recuerdo de la vida del niño que nunca pudo comprender aunque tampoco quiera dilucidar. El Tío se liga, por contraste, a la historia que él mismo cuenta sobre su vecino Buttiglieri, tramando el programa narrativo del enigma de sus identidades, que sobre el final se despide cuando supuestamente aparece Buttiglieri, el gringo también desavenido con su familia: figuras negadas y enigmáticas para la rutina campestre de la familia.
Novela articulada desde la fragmentación, La sed transcurre con una narración completamente desprovista de lirismo campestre (de allí que se puede afirmar que se contrapone al regionalismo), componiendo el mundo de la iniciación del niño en diversos planos de representación de las actividades que lleva a cabo: el aprendizaje de la vida de campo, el mundo de los adultos, los códigos familiares, y la detallada descripción de una mirada que construye ese mundo como la única posibilidad para imaginarlo.
El cuento “Flores nuevas” que integra La hora de los monos, de Federido Falco[2], se trama alrededor de las experiencias de iniciación de un adolescente en un pueblo de provincias. En primera persona, el narrador rememora su experiencia de adolescente en su iniciación sexual, con la impronta particular de atravesar por la condición pasajera de convertirse en padre. Su novia queda embarazada y entonces su experiencia se vuelca a una nueva mirada de la adolescencia desde la asunción de esta nueva situación, en que sin embargo el mundo de lo adulto continúa lejano. La historia de la iniciación sexual en los adolescentes adquiere un sentido más amplio dentro del enfoque de un narrador que forma parte del imaginario social y cultural de los hábitos convencionales del pueblo. Las prácticas y pertenencias sociales de los adolescentes se cruzan, por un lado, con la narración de los preparativos de las fiestas de quince años de las mujeres, y por el otro, en el relato de las peripecias del Tano Buriolo, figura del adolescente irresponsable, sin límites, que transgrede los códigos que estructuran su relación con el mundo de los adultos. Esta diversificación del programa narrativo con la que transcurre el relato se trama en la superposición de tonalidades que marcan una distancia emocional del narrador con el mundo referido. Superposición que une la matriz del acto de la memoria para narrar la iniciación, completamente desprovista de nostalgia, en que la experiencia de los adolescentes transcurre a través de esa distancia que compromete al sentido de la vida-de-adolescentes-de-pueblo, con otra matriz, paródica, que acerca esa distancia emocional, en el que el humor se desliza desde una voz adulta que narra una visión distante en el tiempo y en el espacio, provocando el extrañamiento kitsch.
La estética con que representa el imaginario social de los adolescentes de General Cabrera está configurada en el tono natural que asume el narrador para tramar uno de los sentidos del relato, el de las fiestas de la burguesía pueblerina. La distancia del extrañamiento estético que el narrador pone en juego en ese imaginario, sin embargo, no deja de construirse a través de una pertenencia por rememoración de ese mundo que en primera persona se distancia en el juego de la perspectiva del adulto que capta, desde otro lugar, los clichés de ese gusto pueblerino desde otra estética que está ausente. La autorreferencialidad se cruza, en este juego de pertenencia-distancia, pautada desde el tiempo transcurrido que el narrador configura desde el recuerdo. Una lectura discutible que abre algunos interrogantes podría interpretar esta configuración del imaginario adolescente “de pueblo”, como un registro en que el narrador reescribe una estética identitaria de un grupo social a través de la distancia que la formación intelectual adulta le impone para repensar(se) el acto de narrar un pasado “biográfico”.
En contraste, la última nouvelle de Falco, “Cielos de Córdoba” (2011) trabaja con la trama de la iniciación sexual de un adolescente en una población pequeña de las sierras de Córdoba. En este caso, el narrador se desliza por una tercera persona para contar la iniciación sexual de Tino, vinculada a la experiencia homosexual que, como en el relato anterior, alude al pasado de los años ochenta. Un niño en la pubertad alterna su vida visitando a su madre en el hospital del pueblo, asistiendo a la escuela y permaneciendo en una vida solitaria en su casa, debido a que tiene una relación distante con su padre porque casi siempre está ocupado con los ovnis y la vida extraterrestre. En su casa (al lado) funciona el museo de los ovnis, negocio poco redituable pero que su padre cultiva con entusiasmo. Una madre moribunda, en estado vegetativo, en el hospital, en donde el protagonista se relaciona con una paciente mayor que vive allí, fanática del tango y peronista, como así también con una joven de su edad, tendida en una cama vecina al cuarto de su madre, también en estado casi vegetativo, se cruzan en la trama de la vida cotidiana de Tino, centralizada en la experimentación de la sexualidad con otro niño de la escuela. No hay secuencias aisladas, ni trayectos de la experiencia del personaje que no estén sostenidas en la unidad magistral del relato. Sobre el final, la experiencia de la visión de un ovni revelará algunos signos (vida, muerte, sexo) que marcarán su vida transcurrida brevemente en el “cielo” de las sierras de Córdoba, a través del juego con el doble registro de lo sublime y lo irónico, en que lo extraño (el ovni) que se ha vivido naturalmente en sus padres, se une simbólicamente a lo “extraño” de su iniciación sexual.
Pero por otra parte, la relación del adolescente con la anciana del hospital se propone en la experimentación de un sentimiento que entra en el orden mítico que representa la mujer a través de su amor por Perón y por el locutor de radio que le transmite el tango de todos los días. La misión filantrópica de Tino cumple los deseos de la anciana: hablar con la radio para saber cuándo regresa el locutor y llevarla al pasillo del hospital para que pueda besar la boca del busto de Perón. Tino cumple, por un momento, con un acto de amor que supera la ilusión pagana del simulacro de la vida extraterrestre que obsesiona a su padre.
El tono impasible del narrador que toma distancia de lo que podríamos denominar lo complejo de la conciencia del adolescente en su experiencia inicial de la sexualidad, marca la abulia de un mundo en que las cosas suceden sin más, como en los textos de Gaiteri, o de Arias. Solo en la pubertad de un niño puede suceder algo dentro de ese mundo, en que el trayecto de cierta desprotección lleva a la soledad que está aceptada como un tiempo pasado que ha derrumbado de forma muy sutil tanto la amargura como la sorpresa, provocando al lector al extrañamiento común de la experiencia de la sexualidad a esa edad. El símbolo final cierra la trama de la iniciación: el relato de la abducción de la madre en el pasado se enlaza con la visión del ovni que Tino puede ver una noche, en el mismo momento en que su madre muere, abducida por una etapa de su vida que ha concluido.
Extrañamientos de la otredad: perfiles de lo narrable
La problematización del acto de narrar no solo trama la autorreferencialidad. También se postula en la narrativa actual diversos modos de acceder a representaciones de una otredad que se construye desde otros registros discursivos que modelizan distintas formas de concebir y asumir las subjetividades. Subjetividad-otredad-cuerpo se constituye en la referencia semántica que articula la experiencia del mundo. El acto de la puesta en escena de los cuerpos en relación directa con sus formas de habitar lo real, conjuntamente con sus construcciones sociales, políticas e individuales, configuran esa otredad que problematiza esas construcciones identitarias a través de procesos de extrañamientos revulsivos en que la historia y lo real se proponen como experiencias de un tiempo que aun no se ha digerido.
El Colectivo (2009), novela de Eugenia Almeida, trabaja con la atmósfera de la represión militar de la última dictadura en un pueblo pequeño. La trama se estructura con un enigma que articula diversas historias de sus habitantes en función de un extrañamiento coyuntural que aqueja el ritmo de sus prácticas sociales. El enigma se configura alrededor del colectivo que no se detiene, algo inhabitual, en la parada del pueblo, dejando a sus pobladores aislados de la ciudad. El relato se va tramando con las diversas opiniones (completamente ingenuas e inútiles) de los pobladores que no logran dar con una explicación de un suceso extraño que se ha apoderado de sus vidas cotidianas.
El colectivo que pasa de largo por el pueblo trama la vida de aquellos que lo esperan y que por distintos motivos necesitan viajar a la ciudad. Una pareja de forasteros que está parando en el hotel y la familia Ponce son los peores perjudicados por el colectivo-que-no-para, y desde ellos surgen las marcas de algunas señales que se vinculará con la resolución del enigma. En la impasible población todo parece modificarse a través de las diversas hipótesis que las voces de los pobladores van articulando para explicar el fenómeno. Sin embargo, las sospechas no recaen inmediatamente sobre los forasteros, apenas se sugieren a través de las voz del narrador, que junto a la morosidad del ritmo de la vida pueblerina, se interna en la vida cotidiana de los Ponce y de otros habitantes del pueblo.
A través de Ponce, abogado del pueblo, se teje la trama de sentido de la espera (en que no se puede evitar leer el legado de algunos pasajes de la obra de Moyano, o de Tizón), como así también la cartografía social del pueblo. Ponce se configura en el supuesto receptor del enigma que lo satura en esa espera: “-Mire doctor, se lo voy a decir una sola vez, muy claramente. Esto no es algo que le están haciendo a usted. Esto es algo que está pasando.” (76) Lo que “está pasando” no recae individualmente en alguien, sino en todos, como una nube de incertidumbre que los envuelve y los ciega sin explicaciones. La otra señal del enigma que soporta el extrañamiento es la bajada de la barrera del tren, aunque de todos modos no pasara desde tiempo atrás. El comisario será el personaje que centralice el sentido de ese extrañamiento, a través de la voz que transmite las órdenes de la ciudad constituidas como un poder que se instaura en el pueblo como un signo del absurdo que ha alterado la vida cotidiana de todos. La voz investida de autoridad en el pueblo es una víctima más del enigma que en su gradación absurda se va configurando en un totalitarismo que proviene de “afuera” y lo induce a la condición de una “obediencia debida” ingenua y solitaria. La secuencia del diálogo del comisario con Gómez instaura el absurdo de la cadena de mandos del Estado, metáfora de incompetencia perversa de los militares para expandir la represión a toda la nación. Depositario de la autoridad en el pueblo, el comisario está sujeto a la de los militares, de quienes no conoce sus nombres ni qué buscan. La distancia del pueblo con respecto a la ciudad, lugar de un poder esquizofrénico que pretende extenderse a todas partes, opera también como un elemento de ese extrañamiento fantástico, en que de repente, como un fantasma aparecido desde un mundo que se conoce solo por los periódicos y los testimonios de quienes han regresado de allí, apenas pueden descifrar.
Los “sospechosos”, supuestos guerrilleros, que habrían pasado por el pueblo huyendo de los militares, se constituyen en un señuelo para imponer la atmósfera de la represión, aunque no logren que los mismos pobladores sospechen de todos entre sí. El enigma de una ficción ajena, el absurdo de una violencia impuesta, y el poder de disolución de las relaciones sociales, provienen de la ciudad. Y se instaura en la extrañeza de un afuera por medio de las figuras estereotipadas “algo habrán hecho”, o su inversa “llevan a gente que no hizo nada”. La novela cierra con el hecho que gradualmente se ha ido presentando en clave: el enfrentamiento militar con los “sospechosos” que habían huido del pueblo. Distintas versiones se van tejiendo sobre lo sucedido, pero lo importante es que el informe oficial es desmentido por el testimonio de un personaje marginal del pueblo. Lo extraño que no se puede comprender, y luego decir, se configura en el enigma pergeñado perversamente por el poder militar que proviene de la ciudad y se ha instalado en la conciencia del pueblo: fueron masacrados sin resistencia.
En la siguiente novela de Eugenia Almeida, La pieza del fondo (2010), la trama del relato traza la reconstrucción de un enigma que refiere, simbólicamente, a un pasado presentado a través de un misterio: el contenido de la pieza del fondo. Un desconocido que no habla, cuya condición se asemeja al de un linyera, descansa todos los días sentado en un banco de la plaza; una joven moza del bar del frente se apiada de él y le lleva comida; algunos policías de la comisaría aledaña lo observan. Un día desaparece, uno de los policías que lo detesta (con una perversidad explícita que se vincula con el autoritarismo de la represión) lo ha llevado a un lugar desconocido, lo que implica que durante varios días, el personaje es un desaparecido. La joven y el sensible policía Frías (quien proviene del interior de Santa Fe y le ha contado su vida al linyera) comienzan a buscar al desconocido. La acción se dirige luego hacia el protagonismo de Elena, una médica psiquiatra que ha sido trasladada al hospital donde ha sido alojado arbitrariamente el linyera, ahora aparecido pero sin identidad, y cuya historia personal ya figura míticamente entre el personal debido a un juego patético que el director ha pergeñado para legitimar su figura profesional. Ante el enigma de la identidad y de la ubicación del linyera, se une otro, pero artificial, el del director de la clínica que ha forjado un mito fundacional de su carrera profesional: de joven médico se conmovió ante una niña que había perdido a su madre en ese mismo lugar. La niña es ahora la mujer médica que ha sido trasladada y que inmediatamente pretende desbaratar ese mito, que solo le conviene sostener al director. El enigma primero, objeto del abuso de poder y de la represión policial, cede ante este otro enigma insulso, ridículo y absurdo que sin embargo persiste porque es sostenido por el poder del director. Elena ha alquilado una casa que tiene una pieza del fondo atiborrada de objetos que sus dueños no desean, proponiéndole a la inquilina que se quede con lo que hay dentro o lo arroje a la basura. El enigma se traslada entonces a la incógnita sobre lo que hay dentro de la pieza; los indicios acerca del contenido refieren solamente a la existencia de su antiguo dueño, fallecido poco tiempo atrás, quien habría dejado en esa pieza adornos, carpetas y recortes de diarios viejos.
El sentido simbólico de la novela se va tramando como un rompecabezas. Los personajes intervienen a través de las voces que intercalan abundantes y rápidos diálogos, en que el narrador, por momentos, asume la voz de un personaje, y en otros se mantiene distante, articulando los diversos saberes que cada personaje posee del otro, sosteniendo, en rigor, lo que ninguno sabe y es tarea del lector unir tanto los saberes como los no-saberes puestos en juego en la historia. Las otredades se cruzan: Sofía, la chica del bar, y Frías, el policía sensible, en busca del linyera, se unen a la historia de Elena. Los desaparecidos se pierden por sobre todo en la incapacidad para la comunicación, una forma de la desmemoria que trama la confusión abúlica del olvido. Quizás el símbolo de los peces que nadan en el fango del río, en donde unos quedan atrapados o salen a la superficie, u otros se van con la corriente, se configure como el eje de sentido de la novela. Finalmente, como Elena, son todos huérfanos y extraños en el fondo de ese fango, o en la superficie: la clave está abierta.
El relato “El pedigrí de los canarios” de Federico Falco (en La hora de los monos) plantea el extrañamiento de una otredad que se ha apegado al mundo ordinario. La trama se articula simbólicamente con los significados de la locura y la libertad a través de una relación causal con la simulación de ellas. La relación del protagonista Osvaldo con su mujer que padece una enfermedad parecida al alzheimer, se propone en un programa narrativo que se ejercita en la acción de las posibilidades de conservar la libertad dentro de una enfermedad que se ha apoderado de una persona transformada en otra. El paso por una casa de salud ha sido en vano, el amor de Osvaldo por Nelly, su mujer que no lo reconoce, lo obliga a retornarla al hogar matrimonial, donde practicaba la tarea de juntar hongos en el bosque. La otra Nelly, la enferma que confunde a su marido con su propio padre o con su primer novio, se desliza por la vida en una regresión a la adolescencia, edad en que no conocía a su actual marido. Pero interviene la figura de su enfermera, quien gradualmente se ha enamorado de Osvaldo. Frente a un amor sostenido en la relación matrimonial que ha adquirido una nueva dirección en la ilusión de que Nelly reconozca a su marido, se presenta la posibilidad del amor concreto de la enfermera. La tragedia final cierra el cruce simbólicamente. Nelly conserva su única actividad (colectar hongos, distinguiendo a la perfección los comestibles y los venenosos) que la mantiene en contacto con el mundo real, mientras que la enfermera, desengañada sentimentalmente, intenta suicidarse con los hongos venenosos que ella misma ha seleccionado. La asunción del simulacro que lleva a cabo Osvaldo al aceptar la identidad del primer novio de Nelly para permanecer con ella, trama el sentido final del cuento al problematizar los diversos mundos posibles de habitar la “realidad”, en que la asunción de su ficción es la única relación posible con esa otredad amada.
La configuración del extrañamiento también puede tramarse a través de la matriz del género policial negro, en que no se produce específicamente por medio de otro que irrumpe para modificar un orden establecido, sino que el mundo de los personajes se constituye en sí mismo como una otredad marginal y degradada. Es lo que plantea, a grandes rasgos, la novela Bajo este sol tremendo (2009), de Carlos Busqued.
Los protagonistas de esta novela se mueven desde su inicio por el programa narrativo de una degradación ya decantada. El joven Cetarti recibe una llamada telefónica que le informa que en Chaco su madre y hermano han sido asesinados; viaja a Lapachito para encontrarse con Duarte, un ex policía que lo induce a tramar una coartada para cobrar un seguro de manera ilegal. Violencia kitsch, bizarría aletargada y trasfondo de una atmósfera en que la violencia es banal, el enigma desencaja con la gratuidad de la inteligencia de los protagonistas, quienes transcurren meramente por la impasibilidad del crimen. Cetarti, decadente y ajeno a cualquier tipo de sentimentalismo fraternal, vive del momento esperando nada. Bajo el legado de la línea demarcada por aquel Juan Martini de los años 70 (por ejemplo el de Los asesinos las prefieren rubias, o El cerco), Busqued transita el registro narrativo de la ausencia de cualquier tipo de participación reflexiva del narrador en las mentes de los personajes, quienes actúan casi por reflejo, sin siquiera al menos tener algún tipo de referencia sobre la moral y la ley. No hay Estado, no hay política de supervivencia, la policía apenas está sugerida por añadidura; los personajes, aunque densos, se deslizan por ese mundo en que la indiferencia solo se puebla de marihuana, televisión y revistas de divulgación científica. Metáfora de las indiferentes expectativas sociales de la juventud de los 90, Bajo este sol tremendo, aunque no transcurra con alguna mención directa del tiempo en que transcurre la acción (videocasetes y teléfonos difíciles de poseer), la atmósfera de un mundo-otro que los sostiene con abulia en la marginalidad del delito se trama con el extrañamiento de las acciones y reacciones revulsivas que pueblan la ausencia de contenido de sus vacíos existenciales.
En la misma línea del enigma del policial negro que trabaja con el extrañamiento revulsivo configurado a través de la ausencia de códigos morales que modelen las acciones y los personajes con valores referenciales concretos, la novela Los topos (2008) de Félix Bruzzone plantea provocativamente la ausencia de los códigos políticos que conllevan la visión histórica de la ética discursiva de los derechos humanos en la Argentina. Efectivamente, Los topos satura revulsivamente el imaginario político de los familiares de desaparecidos en la Argentina, reinventando un quiebre con las políticas históricas llevadas a cabo por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Un joven perteneciente a HIJOS, educado con su abuela desde pequeño, se entera de la posibilidad de tener un hermano. A manera de un thriller sucio, emprende su búsqueda a través de señales irreverentes y absurdas que lo mueven por un ambiente poco frecuente en las investigaciones de los organismos pertinentes. Su hermano, identificado como un travesti, aislado y en soledad, habría estado pergeñando un ardid para vengarse del asesino de sus padres. El desarrollo de la urdimbre de este plan secreto, en que el narrador-protagonista no interviene con juicios ni reflexiones políticas, trama la acción de su hermano, quien se habría trasvestido para poder acceder a su presa. Las huellas de la investigación del protagonista lo llevan a Bariloche, en donde el torturador y asesino suele retirarse para no ser observado por presuntos delatores no de su pasado sino de su presente. La matriz desmoralizadora de la narración, ya que ni la justicia (institución del Estado) ni las organizaciones de Derechos Humanos (instituciones políticas) han podido resolver, marcan el ritmo del relato precisamente a través del extrañamiento provocado por el programa narrativo tramado por el acto de venganza. Como en la novela de Busqued, el narrador-protagonista configura el mundo de la acción despojado de intervenciones o referencias al Estado, la ley o la justicia. Las referencias políticas están anuladas, lo otro que aparece extraño es el mundo que está en nosotros.
Cierre transitorio
Una primera intuición que luego se ha plasmado en una recurrencia, tal vez sustancialmente no muy novedosa pero interesante en sus variaciones y diversificaciones, destaca que en esta narrativa se tiende a construir un registro autorreferencial en el sentido de la explicitación de un acto de narrar que interpela como experiencia a la narración misma del mundo evocado y problematizado. Se trata de un despliegue de huellas vitales de la propia experiencia de la escritura en relación al acto de poner en juego los procedimientos de la narración. ¿Cómo se narran las experiencias individuales en estos últimos años en que lo dicho sobre este mundo ya se ha saturado de sentidos? En la mayoría de los textos, volver a los años 80, o 90, y en algunos casos a los 70 (la dictadura militar), se implica con las “biografías” que ponen en juego una cadena de identidades individuales que escenifican la adolescencia como el periodo de iniciación en tiempos que transcurren por una historia eludida sin más, y cuya apropiación se instala en la indagación del acto de narrar esa misma representación de la experiencia de hechos mínimos, cotidianos, triviales, sin más. El extrañamiento que provoca esta actitud de narrarse a sí mismo interpela también la presencia activa de las “otredades” que circulan en las delimitaciones mismas de esas “biografías” (la primera persona se abisma como un recurso testimonial del acto de la escritura): el “otro” que dice el mundo, el “otro” que dice la palabra de todos, el “otro” que dice “yo”, el “otro” que soy yo mismo.
Bilbiografía
ALMEIDA, Eugenia: 2009. El colectivo, Buenos Aires, Edhasa.
_________________: 2010. La pieza del fondo, Buenos Aires, Edhasa.
ARIAS, Hernán: 2005. La sed, Córdoba, Ferreyra Editor.
BRUZZONE, Félix: 2008. Los topos, Buenos Aires, Mondadori.
BUSQUED, Carlos: 2009. Bajo este tremendo sol, Buenos Aires, Anagrama.
FALCO, Federico: 2010. La hora de los monos, Buenos Aires, Emecé.
_______________: 2011. Cielos de Córdoba, Córdoba, Nudista.
GAITERI, Sergio: 2010. Nivel medio, Córdoba, Raíz de Dos.
______________: 2011. La moza, Villa María, Eduvim.
INCARDONA, Juan Diego: 2008. Villa Celina, Buenos Aires, Norma.
NATALE, Pablo: 2008. Un oso polar, Córdoba, Recovecos.
RAMOS, Pablo: 2004. El origen de la tristeza, Buenos Aires, Alfaguara.
Lecturas imprescindibles El colectivo, de Eugenia Almeida. La sed, de Hernán Arias. La hora de los monos y Cielos de Córdoba, de Federico Falco. Nivel medio, de Sergio Gaiteri. Villa Celina, de Juan Diego Incardona. |
[1] Para un análisis más profundo de estos textos podría recurrirse a la categoría de “pacto autobiográfico” que propone Lejeune, a través de la observación de la serie de identidades que se ponen en juego a partir de la relación autor-narrador-personaje.
[2] La hora de los monos posee un eje unificador marcado, en general, por la relación particular de los personajes con los animales, tanto dentro del ámbito de la ciudad y del espacio humano que construye sus vínculos, como, por oposición, del mundo “natural”, original, de los animales.
En SILABARIO Nº14, AÑO 2011. Págs. 63 a 85.
En SILABARIO Nº14, AÑO 2011. Págs. 63 a 85.
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